La capilla de Santo Domingo de la Calzada, en el barrio de El Pardo, en Madrid, se ubica debajo de un ojo de túnel de la autovía de circunvalación M-30.

Esta construcción, cuanto menos atípica, se llevó a cabo en los años 80, respondiendo a la necesidad de un espacio de culto en la zona. No obstante esto, pronto aparecieron los primeros problemas, especialmente tras la terminación de la M-30 y las continuas inundaciones que sufría la capilla.

Si bien se construyó una iglesia en los alrededores, de la que depende la capilla de Santo Domingo de la Calzada, los fieles optaron por rehabilitar ésta, llevando a cabo una reforma en dos sentidos.

Con dos entradas, la reforma contaba con diferentes objetivos, tanto de estructura como de decoración. Si bien en un principio, el espacio estaba separado por un gran telón, éste restaba visibilidad y operatividad, dado que permitía a los visitantes moverse por cualquier lado de la capilla, incluso durante las misas.

De esta manera, se llevó a cabo la creación de una estructura interior de doble hoja que permitiera evacuar las aguas hacia cuatro pozos pluviales, ubicados en las esquinas de la iglesia.  En total, se creó una estructura de once costillas tubulares de acero ancladas a placas de suelo.

En cuanto a la parte más decorativa, se utilizaron planchas de yeso, colgadas de la estructura de paraguas interior y dando el aspecto que conocemos ahora a la capilla. Posteriormente, dado el poco presupuesto, se reutilizó la losa de granito del altar anterior, realizando una base de ladrillo. Se colocó una estructura básica que hacía las veces de altar (posteriormente decorada con elementos eclesiásticos) y de separación entre los dos principales espacios de la capilla.

Las dos entradas, de esta manera, estaban conectadas a través de pasillos abiertos a los dos lados del altar, permitiendo la circulación de los fieles durante la misma sin entorpecer la misma. La pintura blanca y las luces embebidas terminan de decorar la capilla, una de las peculiares de la Comunidad de Madrid.

Esta forma, su estructura y la ubicación hicieron que la capilla de la M-30 fuera dedicada a Santo Domingo de la Calzada. Actualmente regentada por Don Ignacio Luis de Orduña Puebla, Párroco y Arcipestre, nos presenta la figura del Santo y, por supuesto, nos explica las reformas que se han realizado en este espacio.

Para conocer mejor las obras que se han realizado, en el número 416 de la revista de Ingeniería Civil Cimbra, la Ingeniera Técnica de Obras Públicas Cristina Beneroso nos cuenta los cambios sufridos en la estructura de la capilla.

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